Flavio Fuentes
ICE 1021
Entró al baño poniéndole a sus rehumas el mismo cuidado metículoso que le había puesto en su momento a cada mentira que le dicho a Mónica. Nuca había queriodo decepcionarla y nunca lo hizo, se reconfortó en silencio.
Si le dije en en su momento que la amaría para siempre, y lo peor de todo es que en su moemento si lo pensé así, más o menos al menos. Pero eran otros tiempos, otro mundo — otros tiempos, si, éramos otros. Muy muy diferentes. En ese entonces si nos amábamos. A diario. Al menos una vez al día. Por horas, días enteros. En ese entonces era fácil amarse. No había deudas que nos quitaran el sueño, solo amor. Qué fácil es amarse cuando la piel es tersa. Y la nuestra no tenía arrugas. Nuestras bocas aún no ocultaban su hedor detrás de mentas, o gomas de mascar. No olíamos a rosa, pero tampoco a la descomposición de nuestras entrañas. Éramos jóvenes. Fáciles. Dignos de amor. ¿Y ahora qué somos? Si este tren se descarrilara en este momento, nadie nos extrañaría ¿Nos encontrarían? Tal vez.
Flavio no era fatalista. No le gustaba ser fatalista. Lo ponía triste y no le gustaba estar triste. Pero desde la muerte de Mónica muchas cosas les daban igual y ya no sabía si era fatalismo o tristeza, pero ya no le importaba mientras le diera con que distraerse — Tal vez si nos encontrarían en unos cien, doscientos años. La gente se preguntaría por que morimos como perros, y por que nuestra civilización terminó de la manera en la que terminó y nadie se acuerda — Intentó secarse las lágrimas con las manos. Sintió su anillo pesándole en la mano como el recuerdo de Mónica. Se lo quitó cuidadosamente. Se secó las lagrimas con su pañuelo. Lo dobló cuidadosamente mientras intentaba encontrar el mismo una respuesta a su propia pregunta — Nadie se acordará de nosotros cuando nos encuentren congelados en el tiempo, petrificados entre nuestros lujos, nuestros despojos, nuestros condones desperdiciados. Y se preguntarán por qué y como, si lo teníamos todo — envolvió el anillo con todo el amor que le nacía por el recuerdo de Mónica. Lo tiró a la basura. — Y nadie sabrá en que momento fue que dejamos de amarnos.