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Moritz Maurer

ICE 1021

El tren acababa de llegar y estaba por arrancar. 5 minutos — En sí, no tenía ganas. Pero pues así es esto. y alguien tiene que dejarse querer... — pensó débilmente para cerrar la puerta. Ni siquiera le puso seguro. Todavía no se había subido nadie. Moritz estaba solo, como siempre. Al menos en ese vagón no había quién lo molestara todavía — 4 minutos.

Sentado en la taza cerrada se preguntó que hacía en ese preciso momento de su vida. Le había tocado esperar 2 horas a que llegara el tren. Había pasado de McDonald's a Starbucks y de ahi al baño y al lounge y de regreso. Al revés. Varias veces. Y en desorden. Dos malditas, que además de malpagadas ahora tambíén estan malvividas. Tenía que ser Sábado de Gloria. Siempre en Sábado de Gloria.

Se quitó los zapatos para descansar los pies un momento. Todavía le dolían de ayer. No había podido llegar a su casa por un problema con el tren. Y hoy le tocaba seguramente otro día de esos en los que no sólo nada sale bien, sino que además lo que sale mal es lo que mejor le sienta a uno. Seguro ha de ser Mercurio retrógrado, le pregunto al rato a Vera. La recogemos ya en unas estaciones más. Si es que llegan a tiempo.

A Moritz no le gustaba llegar tarde. Estaba genéticamente predispuesto a sentir culpa y remordimiento por llegar tarde, por llegar a tiempo y por sólo llegar 5 minutos antes de tiempo. Era culpa de sus abuelos. Como muchas otras cosas en esta vida. Un minuto— Se lamentó una última vez antes de ponerse su cara de Domingo de Resurrección con zapatos, chaleco y corbata. Se arregló el cabello — Hoy sí vamos a llegar puntual: fake it until you make it.

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